En principio su intervención iba a tener lugar en la sala de grados del edificio norte. Como en ella únicamente pueden sentarse unas 60 personas, se intentó inicialmente que comenzase en el aula S-02 del edificio Sur. Al llenarse también este aula, se decidió finalmente subir al aula S-21, la de más aforo de la Facultad (unas 200 personas) tras agradecer Juan Carlos, nuestro decano a la editorial Hoja de Lata la oportunidad que había brindado a la Facultad para que, dado que por la tarde presenta otro libro ("Días de fuga". en este caso de dicha editorial) en el antiguo instituto Jovellanos de Gijón, paar e impartir una conferencia en nuestra Facultad.
Al no estar preparada el aula ni la megafonía, el primer cuarto de hora tuvimos que escuchar tanto a Bill como a Mar su traductora a pelo, sin micros (por cierto, hija de Florentina, a su vez nieta del fundador de la editorial Morata hace uno 100 años). Finalmente, casi a las 13 h., pudimos oír sus palabras nítidamente.
Tras pedir perdón por su patético español, a pesar de que en su familia se hable el castellano (tres hijos y tres nietos) comenzó presentando la portada de libro que edita Morata y se vende en nuestro país (16,90 €). En ella destacan dos imágenes. En la de la izquierda se puede observar a Bill tal y como era hace unos años dirigiendo la palabra (se supone que enseñando) a un chaval apoyando los codos en un pupitre (se supone que aprendiendo). En la de la derecha, se intercambian los papeles, lo que pone de manifiesto que aprendemos unos de otros, no únicamente de nuestros maestros.
La primera historia que comentó fue la que vivió con su hijo adoptivo (resaltó que su esposa de 44 años - lo afirmó en dos ocasiones - presente en el aula había tenido con él dos hijos más uno bastante problemático que adoptaron). Cuando lo llevó en 1º de primaria a un centro llegaba dispuesto a discutir, y si hacía falta pelearse, con el profesor que le había correspondido, dado que su hijo llegaba etiquetado como conflictivo y temía que esa etiqueta fuese totalmente negativa para su futuro escolar. Afortunadamente el profesor de su hijo le planteó que eran tanto él como su familia las personas que le conocían mejor y confiaba en que le ayudasen en la tarea que la escuela le encomendaba (¡les pedía ayuda!).
Destacó de esta manera la importancia de tratar a las personas como tales, nunca como objetos, siempre en un ambiente agradable, cordial, al que apeteciese acudir, ambiente que ayudase a revelar las potencialidades de cada una de ellas y en la que se respetase y apreciase la diversidad en todos los sentidos (sexos,e tnias, procedencias,...).
Un escuela en la que se enseñase a preguntar más que a responder a lo previamente elaborado y a respetar no a un líder religioso o a un dictador sino a cada persona humana (en este punto destacó la relevancia de la declaración de derechos humanos de 1948).
Recurriendo a un hermano, enseñante en el bachillerato, ejemplificó la importancia del hecho de que en las escuelas se pueden plantear preguntas, narrando la historia de cómo a través de la lectura de las esquelas del periódico se llegó a descubrir una trama de explotación de jóvenes inmigrantes en la mismísima California. tras la investigación que emprendieron dos estudiantes después de fallecer una vecina joven india de 15 años.
También destacó la idea de que, desgraciadamente, la escuela tiende a evitar los temas controvertidos: las estadísticas se aplican sobre cuestiones deportivas y metereológicas, no sobre la tasa de desempleo o la diferencia de ingresos entre ricos y pobres; la introducción en las aulas de cuestiones polémicas como los insultos racistas se considera inadecuado porque, según afirman muchos directivos, no da tiempo a centrarse en cuestiones matemáticas, supuestamente más importantes, etc.
Tras su intervención, breve dado que el lugar no favorecía evidentemente una tranquila, relajada y extensa conferencia, dio paso al turno de preguntas tras una primemra desbandada bastante masiva del personal (aproximadamente la mitad de la asistencia se escapó aprovechando una pequeña pausa que introduje para facilitar precisamente que se fuera la gente que ya no aguantaba más (que tenía que ir a clase, dijo para suavizarlo).
La primera pregunta se la hizo nuestra compañera Esperanza Fernández (profesora del área de teoría) sobre si es posible que se dedica a la docencia se pueda presentar uno como una persona neutral. Tanto ella como Bill Ayers respondieron que no, evidentemente.
La segunda se la hice personalmente. Había traducido dos que había elaborado. La persona que asumió la tarea de planteársela en ingles, desconozco su nombre, únicamente le planteó la segunda, a saber, ¿cómo se puede superar, saltar la línea divisoria que separa el mundo universitario del no universitario?. En ese momento añadí la que se me acababa de ocurrir: ¿tuvo algunas dificultades en llegar a ser catedrático en su país portando esos piercing que luce en sus orejas? A la primera respondió que efectivamente las instituciones están bien diferenciadas y que haya maneras de superar esa brecha sin detenerse a profundizar en ello, mientras que a la segunda respondió afirmando que no había ningún problema en tener o no piercing.
La tercera pregunta la planteó Diana, nuestra compañera del PA2. En el comentario que hace Andrea Cobiella más abajo se explica perfectamente ña pregunta y las respuesta.
Dos preguntas posteriores se refirieron al hecho de cómo se puede educar a personas que rechazan lo que ocurre tras unas verjas a modo de cárceles (las escuelas), personas que se consideran objetores de las escuelas: ¿cómo motivarlos?
Otra hizo referencia a la importancia de la educación no formal, plateando si no sería mejor dedicarse a ella, pasando de la escuela.
La última (creo pues no pude tomar nota de lo acontecido) preguntó qué hacer en aulas como la que estábamos: con asientos fijados al suelo, unos al lado de otros, viendo los cogotes de las personas de las filas siguientes, y al conferenciante o profesor en su tarima,... Ante ello, Bill Ayers respondió que la insubordinación respetuosa ante las instituciones y sus directivos le parecía la posición más adecuada, (como el activismo ante la guerra de Vietnan que protagonizó en los años 60 del pasado siglo) tras lo cual se despidió agradeciendo precisamente a la autoridad presente (nuestro decano Juan Carlos Veledo) el haber invitado a participar en la actividad. A las 14,20 aproximadamente, finalizó la sesión

A continuación, voy a comentar la intervención de mi compañera Diana ya que tras la propuesta de Isabel de realizar a Bill Ayers una pregunta sobre el tema del trabajo grupal que tenemos que realizar, pensamos qué sería interesante preguntarle y nos sirviera para informarnos.
ResponderEliminarComo vamos a trabajar el tema de la inclusión en los colegios, vimos una oportunidad única poder preguntarle a un profesional tan importante de la educación como es éste sobre qué diferencia hay entre integración e inclusión en EEUU y le pedimos si podía hablarnos un poco sobre ese tema, y que nos diera algún ejemplo.
Para nuestro asombro, en EEUU no hay diferencia entre inclusión e integración. En 1972, se reglamentó la integración. Las personas con discapacidades mentales consiguieron que la incluyeran en las escuelas regulares. Nos habló sobre todo de Chicago, allí tienen una serie de materiales especializados para personas con ciertas discapacidades. Nos puso varios ejemplos: elevador para sillas de ruedas, ascensor para ciegos, baños con una balda ancha.
A pesar de que haya una reglamentación, la integración sigue siendo una lucha continua. Y concluye con que, si las escuelas no siguen esa regla y hacen lo posible para incluir a personas con problemas se considera un fracaso de la ley.
Acabo de leer el diario de la charla de Bill Ayers, ya que no pude asistir a ella.
ResponderEliminarMe parece que ha hablado de temas muy relevantes en el sistema educativo actual. Me gustaría destacar sobre todo la respuesta a la pregunta de mis compañeras, ya que desconocía el sistema que se realiza en EE.UU. y por otro lado el hecho de que el profesor de su hijo les pidiera ayuda, porque nos recuerda que para una buena educación debe a haber colaboración entre la familia y el centro.